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Cazando Gárgolas en Hahndorf

  • Foto del escritor: Maria Isabel Castro
    Maria Isabel Castro
  • 27 abr 2022
  • 11 min de lectura



Cazadora de gárgolas, otra de mis profesiones


No sé si les había contado que soy cazadora. Me falta el arco y la flecha, lejos estoy de ser Legolas. Pero no importa, porque para la profesión que llevo no necesito disparar ni flechas, ni hechizos, ni balas (gracias al cielo por esta última). Cazo aventuras, objetos sobrenaturales, momentos que el ojo aburrido de la adultez suele dejar pasar a primera vista. En resumido: cazo fantasía.


¿Y fantasía de qué tipo? Te estarás preguntando si eres un fan acérrimo de la magia. Si no, ¿qué haces aquí? Bueno, está bien. Puedes pasearte hasta el punto final; si eso ayuda un poquito a que te conviertas en un nuevo fan, yo te dejaré las llaves, el auto, mi lente de fotografía y la capa, todo cuanto ayude a que seas un creyente fiel.



Y que conste, esto no se trata de religión, sólo de verdades absolutas. La magia existe, no es mi culpa que tú aún no la puedas ver.




Volviendo al meollo del asunto, yo cazo fantasía de todos los tipos. Fui catadora de hoteles mágicos, (si quieres conocer mas sobre hoteles de hadas y casas de gnomos, encuentra mi reporte aquí), me he pasado un tiempo estudiando monstruos y he hecho las paces con los duendes de mi casa. Pero al grano, lo que hoy nos trae aquí es mi nuevo descubrimiento. Seguro que ya te enteraste de qué se trata por el nombre de este reporte (o entrada de blog, como lo quieras llamar). Esta semana me adentré en el loco mundo de las gárgolas. Pero no fueron cualquier tipo de gárgolas, a estas me las encontré lejos de su estado salvaje en templos, catedrales o iglesias. Estaban presas, cautivas, vendidas al mejor postor en una chatarrería.


Por cuestiones éticas he decidido tapar sus precios, no queremos fomentar la caza (y me refiero a la de balas, no a la mía) de gárgolas. Además, estas criaturas son un poco susceptibles, les dolería enterarse que unas cuestan más que las otras. Eso les heriría su petrificado orgullo de piedra; se romperían en dos si supieran que no son tan imponentes como creen, mucho menos después de entrevistarlas y conocer más de sus vidas.


Empecemos por el principio: el viaje.


Todo empezó muy lejos, muy muy lejos, más lejos aún. Sí, ahí: en Australia. Un país relativamente nuevo, lleno de migrantes, dato importante para contar esta historia. Resulta que entre todos esos migrantes, una colonia de Alemanes Luteranos migró a Adelaida para huir del Rey de Prusia (otros alemanes con nombre distinto). Y con esto se fundó Hahndorf, un hermoso pueblito alemán ubicado a 15.555 kilómetros de distancia de la real Alemania. (Datos exactos para reportes exactos, aquí no nos tomamos las investigaciones a medias).



¿Por qué es importante esto? Bueno, esa es la misma distancia que tuvieron que atravesar aquellas gárgolas. Fueron cazadas en las noches del país europeo, justo cuando no estaban atadas a la fachada de alguna catedral protestante. Aquellos creyentes se aferraron tanto a sus iglesias que decidieron llevarse una parte de ellas hasta Australia. Y no, claramente no podía ser una piedra, la manija de alguna puerta, o algún vitral colorido. No, ellos se llevaron a las criaturas cuidadoras, esas que observan desde el techo en el día y surcan el cielo en la noche.


Hoy en día, aquellas mismas gárgolas están exhibidas al peor postor en una venta de chatarra de la calle principal de Hahndorf. Sin cadenas en el día, ofrecidas a los turistas. Con grilletes en la noche, ancladas a la orilla del cielo. Son gárgolas con más de 200 años. Algunas olvidaron como asustar, otras se aferraron a sus bocas abiertas para recordar viejos tiempos (y que viejos).


Entrevistas nocturnas


Sin más preámbulos, pasaré a las entrevistas. La parte que todos querían leer desde el principio, si no es que te adelantaste hasta aquí (si es así, siéntete mal por todas las letras que habré desperdiciado en tu nombre).


Las fotos fueron tomadas en el día, justo en mi primer encuentro con las criaturas. Para ese momento sus nombres eran desconocidos para mí. La entrevista, obviamente si estas siguiendo está historia con detenimiento lo intuirás, fue en la noche. Una gárgola la tiene de para arriba con eso de abrir la boca si está petrificada. Básico, pero mejor aclarar por si las dudas, no faltan los despistados.


No necesité escabullirme para realizar mi entrevista, me hice pasar por una potencial compradora, tuve acceso a sus celdas, las vi con sus grilletes, con sus rostros desolados. Estaba prohibido tomar fotos, la magia no es muy pública, ya saben, y más si es de contrabando.




Entrevista a Wolfgang


La primera entrevista fue la mas atropellada. No pude evitar dirigirme primero ante semejante bestia que me había cautivado en su pose rígida: tan ruda, tan misteriosa.






Wolfgang me recibió inquieto bajo la luz de la luna, con su mirada hosca, de desconfianza. Pero un par de palabras fueron suficientes para que su actitud cediera hasta volverse dócil como mantequilla.


A pesar del alemán inteligible de Wolfgang, advertí varios detalles de su vida en los gestos, en su pesadez. Desde un principio estuvo dispuesto a modular, a intentarlo, pero ni sus hermanas alcanzaban a atar todas las oraciones desvalijadas que pronunciaba con esfuerzo. Los colmillos se le habían caído hace mucho por la depresión sedentaria: balbuceaba como un viejo sin caja de diente a quien le cuesta sacar una simple “P”.


El poco alemán entendible fue un descanso para los oídos en la odisea de descifrar su pasado. Yo no hablo su lengua ni estoy cerca de entender siquiera un “hola”. Pero por fortuna, no todas las gárgolas han estado enraizadas en su pasado. Después de tantos años en otro país, la mayoría decidió aprender el idioma local. El de Australia, claro, alemán ya sabían.


Después de largas horas de entrevista fallida desistimos de la sesión. Las demás gárgolas terminaron por contarme un poco de la vida de Wolfgang: parte era historia patria, parte la traducción que él intentó comunicarnos. Su existencia había sido una montaña rusa que subió y bajó en su primeros siglos, pero que ahora va en picada, esperando un ascenso que seguro no llegará. Wolfgang está medio perdido en su pasado, es medio creyente de que volverá a surcar los cielos de Alemania. Ve el final de los días en cada día festivo colmado de turistas, ve el retorno a su habitad en cada puesta de sol. Está extraviado en el tiempo, delirando entre lo que fue, lo que es y lo que cree que será.


En sus tiempos mozos voló junto a sus hermanas de rodeo nocturno, no las cautivas de ahora. No. Me refiero a esas con las que devoró las estrellas de varios siglos atrás. Quizá llevara más años en el oficio que las otras gárgolas que conocí en Hahndorf, ni ellas mismas sabían calcular de cuándo databa su existencia.



Entrevista a Arno


Su nombre traduce Águila en alemán, aunque no entiendo el porqué. Arno tiene más cara de perro que de ave: una mutación de buldog francés con alas. Es la gárgola más joven del grupo. Orgullosa, se cree imponente. He de ser sincera, cuando vi esta gárgola petrificada pensé todo menos que fuera un ejemplar aguerrido, creí que tendría un nombre tierno, de cachorro. Pero fue muy distinto lo que percibí de Arno cuando lo abordé en su estado despierto.


Arno es una gárgola orgullosa, ya lo dije ¿verdad? Es que realmente lo es, cada noche espera el alba con sus alas extendidas para mostrar sus tiempos gloriosos, tiempos de los que él aún se siente orgulloso. Se ha resignado a vivir en cautiverio, a saberse preso de por vida, pero eso no significó para él dejar de lado lo que es y para lo que fue creado.


Hablando de su pasado me contó que fue un monumento de esos a los que sería difícil no quedárseles mirando. No sé si fuera su imaginación, como les digo, me pareció poco imponente, pero aseguraba ser un espécimen reconocido de su tiempo, un emblema de la catedral en la que antes se posaba. En parte se siente alagado de haber sido arrancado de aquellas paredes. Si alguien debía representar la iglesia ortodoxa, que mejor que él, el símbolo icónico de aquel templo.


Y ahí quedó estancada la charla: flores por aquí, flores por allá. A pesar de todo, debo decir que su elegante acento, y su tono de seriedad me hizo divertir de alguna manera. Lamento no poder cambiar su destino, pero por lo menos ha visto el lado amable de ser cautivo, así la raíz del positivismo venga de una opinión ególatra.



Entrevista a Helmut


Helmut estuvo cerca de entrevistarme a mi antes que yo a él. Me pareció una mezcla de niño hiperactivo, con nomo y claro, gárgola, eso es lo que finalmente es. Entre risitas perturbadoras y una vocecita de pito, esta criatura hizo cuanto quiso en la entrevista. Respondió lo que se le vino en gana, ignoró las partes que no le interesaban para inventarse nuevas preguntas. Y que preguntas, todas bien cargadas de tinte indecente.


Helmut es una gárgola bufón. De protector tiene poco a pesar de que su nombre significara eso. Quizá hasta fuera parte de la misma burla.


Con esta gárgola aun no estoy tan segura si siento empatía por su situación de cautiva, no sé si lo que le ha sucedido es un castigo divino o si realmente es una víctima de su profesión de bufón. Y hablo de profesión porque a eso se dedicaba por oficio en las noches cuando vivía en Alemania. Asustaba a las parejas que se besaban cerca al templo, espiaba a los morbosos y les hacía bromas. Ni hablar de los calenturientos, después de echarse una miradita a lo que hacían, se encargaba de jugarles bromas pesadas. Me contaba que les escondía la ropa, se les aparecía por la espalda, se les cagaba en las cabezas, y cosas más obscenas que evitaré expresar por aquí, mi contenido aún es apto para menores de 12 años.


Y si creen que esta entrevista no fue difícil, imagínense la magnitud de preguntas que me hacía a mí. No respetaba edad ni sexo. Era como un diablito intoxicado con algún alucinógeno, con su risita perversa y retorcida. A pesar de su sonrisa de piedra cuando lo vi por primera vez, no pensé que esa fuera a ser la entrevista más aterradora de todas. Por bien servida me di cuando terminamos la sesión, aunque no dejó de opinar y meterse en medio de las otras entrevistas.


Como dije antes, no sé si fue un alivio que lo encadenaran, al fin y al cabo, como parte de la iglesia, su misión era clara: alejar a los fornicadores, calenturientos, amantes, tinieblos, o como los quieran llamar. De todas formas, supongo que actualmente disfruta de la vista de Hahndorf cuando las calles se llenan de turistas. Mucho más si hay mujeres australianas en minifalda, europeas sin sostén o parejas latinas: demostradores profesionales de afecto en público. Sólo los asiáticos en su mayoría recatados se salvan de sus miradas.



Entrevista a Braun


Una de las gárgolas más desafiantes. Rehacía a hablar a pesar de que no tuviera la mordaza de piedra en su boca. Creo que nos odia, a toda la raza humana en general. No puedo juzgarlo por hacerlo, me ve como una cazadora de balas, y no como la cazadora que soy, de historias fantásticas.


Sus chillidos de gárgaras y sus insultos en alemán (o eso me pareció) me retaron desde el primer contacto. Este ejemplar arisco, de mandíbula expuesta tanto dormida como despierta, sólo me hace pensar cuán desafortunada pueden ser la vida de una gárgola cautiva. Esperar todo el día encerrada en su propio cuerpo, para que sólo pueda seguir prisionera de la resignación al levantarse el telón del día hacía un fondo de oscuridad. Su mueca herida realmente me conmovió. Se escuchaba tras la roca mucho antes de siquiera conocerla en carne y colmillo.



Entrevista a Friedrich

Desde que lo vi me lo imaginé como el buda de las gárgolas a pesar de que profesara su religión ortodoxa. Friedrich es una gárgola amistosa, risueña a pesar del encierro. Y no, no era la misma risa desquiciada de Helmut que se escuchaba a lo lejos.


Me recibió con los brazos abiertos. Me escuchó. Respondió mis preguntas con tanta parsimonia que quedé sorprendida. Parecía al servicio de quien lo contactara, como una especie de monje que debes encontrar en el camino para que te dedique un tour espiritual.


A pesar de que todo era paz y amor al principio, algo no me terminaba de cuadrar. Friedrich siempre parecía encubrir verdades entre sus palabras. Decía lo exacto, lo que yo quería escuchar. Era un ser dedicado a cumplir lo que el oyente necesitaba. Traté de escudriñar en su pasado, pero lejos estuve de adivinar su verdadera procedencia. Aparentemente era una gárgola de interior. Sí, suena raro, pero lo era; aunque estaba en el techo, pertenecía a la cara interna de un jardín en el que escuchaba sermones, vidas admirables de religiosos, y otras no tan pudorosas.


Era una gárgola de máscaras, su trabajo era cuidar lo dicho, las palabras ajenas. O eso creo, le pedí la verdad, le pedí saber de su profesión, pero al final esas palabras también podrían haber sido el resultado de lo que Friedrich intuía que yo quería escuchar.


El cautiverio le ha sentado de una manera extraña, ya no hay tantas verdades contrarias por resguardar, solo chismes de pasillo, chismes incompletos en todo caso. Tantos visitantes por año en Hahndorf le han permitido volver a sus andanzas de confesionario mudo, aunque no sé si eso fuera suficiente para suplir la vida de la gárgola que llevaba en su tiempo. Intuyo que extraña su hogar mucho más de lo que él permite entrever.



Entrevista a Rocco


Rocco es un resignado de la vida. Tantos años lleva existiendo y tantos años seguirá en cautiverio que ha perdido el sentido de su misión. No le importa si lo ven galante, mostrando colmillos o en su mejor forma. Prefiere dormir cuando hay que dormir: en el día, siendo piedra. ¿Y en la noche? En la noche no es que cambie mucho. Hablaba con hartera, con la pesadez de quien se sabe atado a una vida impuesta.


Al verlo sólo pude pensar en los años, en los siglos, en lo larga y pesada que era su vida, y peor aún, en lo mucho que le quedaba por recorrer. Cómo no iba a compararlo con los humanos que se nos pasa la vida en un suspiro; e incluso así, hay personas que desisten por voluntad propia de continuar.


Rocco no consideraba ni una remota posibilidad de volver a Alemania, le parecía una burla, aunque ni se riera de ello. Me contó que en sus tiempos más movidos era una gárgola simplona, dicho por el mismo. No le molestaba su trabajo, tampoco era que le matara. Mantenía su pose rígida, de colmillos expuestos y ojos inyectados, porque ese era su trabajo. Pero ahora que no hay catedral ni oficio, cuenta que no se esfuerza de más. En parte, pareciera que Rocco es más feliz aquí que lo que fue allá (si es que se le puede llamar felicidad a lo que él me describió), por lo menos ahora puede descansar plácido, sin simular, sin controles, tendido en la resignación.


Aquí no termina la aventura (Datos finales)


No quiero irme sin antes dar una percepción general de las entrevistas. Primero que todo, encontré en estas gárgolas pasados tan diversos que tocaron mis fibras de diferentes maneras. Increíblemente me enseñaron lecciones.


Segundo, aunque ninguna quiso hablar de ello, pude intuir la existencia de gremios, de jerarquías. Las solas profesiones me daban pinceladas de sus vidas diferentes, oficios que no parecían escogidos al azar. Las gárgolas están lejos de ser sólo monumentos chistosos o macabros, hay algo más allá que las gobierna, que las controla.


Por último, no quiero irme sin dejar abierta una ventana a la libertad. Al final de mi experiencia quise rescatar por lo menos a una de las gárgolas de las garras de la esclavitud, pero no me decidí (y la plata no me alcanzaba). Quizá haga una vaca, fundación, una recolección de fondos para liberar a una, a la que elijan.


Así va la apuesta:


Un recolección de likes para liberarlas. Entre más likes más posibilidades de liberar a más de una.


(Ayuda a estas pobres gárgolas dejando tu corazón aquí abajo).







Una recolección de comentarios para mandarla devuelta hasta Alemania.


Así que, por una gárgola libre y en su habitad, cuéntame:

  1. ¿Cuál gárgola debería liberar si recogemos los fondos (<3) suficientes?

  2. ¿Por qué debería ser esa y no las otras?

  3. Y por qué no, ¿cuál fue tu favorita?


Una recolección de dinero para mí. Bueno no, esa no es tan necesaria. Era chiste.



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Gracias por llegar hasta el punto final (te guste o no la fantasía). Ya es un gran logro, casi hasta mágico, que alguien se tome el tiempo de leer un blog en estos momentos oscuros para las letras.


Siéntete libre de explorar los rincones de mi Blog de la Umbra.

Nos leemos pronto.

4 comentarios


davidmendezlicona
27 abr 2022

Ayudaría a Rocco, tanta experiencia es muy valiosa, es probable que esconda muchos secretos mágicos en la oscuridad de su sombra. Además quiero pregúntale un par de cosas de Alemania.

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Maria Isabel Castro
Maria Isabel Castro
27 abr 2022
Contestando a

Una ronda de preguntas antes de mandarlo a Alemania. Así como va, ya tiene medio pasaje ganado. 😊😊

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david.acosta.saldarriaga
27 abr 2022

Tal vez le daría el chance a Rocco para que pasara sus días tranquilos libre de ataduras más allá de su resignación.

Aunque he de confesar que Friedrich me ha llamado bastante la atención, ¿ué esconderá entre sus palabras?

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Maria Isabel Castro
Maria Isabel Castro
27 abr 2022
Contestando a

Friedrich esconde verdades de muchos siglos, pero sólo te dirá canciones al oído: frases bonitas que quieres escuchar. 💕 Un punto para Rocco en todo caso. 😋

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